Cómo una parroquia en la Amazonía colombiana se convirtió en EcoParroquia
Posted May 25, 2026
En Belén de los Andaquíes, un pequeño municipio del departamento de Caquetá conocido como el “Municipio Verde Protector del Agua”, la fe católica y el cuidado de la creación están echando raíces en la tierra.
En la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en el piedemonte andino-amazónico de Colombia, un grupo de laicos, catequistas y su párroco han transformado la zona verde de la casa cural en un huerto ecológico que hoy se ha convertido en un espacio de oración, aprendizaje y conversión ecológica.
Para John Elvis Carrillo López, Animador Laudato Si’ y uno de los impulsores del proyecto, el compromiso nace de una convicción profunda.
“Vivimos en ‘El Paraíso’”, afirma. “Dios no nos dejó este territorio para enriquecernos, sino para preservarlo y conservarlo para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”
Una tierra de bendiciones
Belén de los Andaquíes es un lugar privilegiado. Rodeado de ríos, bosques, humedales y una extraordinaria biodiversidad, el municipio alberga nueve parques naturales municipales y uno de carácter nacional. Es un territorio donde la selva amazónica todavía palpita con fuerza.
Sin embargo, esta riqueza natural enfrenta amenazas serias.
“La deforestación por la ganadería extensiva, la baja producción de alimentos agrícolas, los cultivos ilícitos y el conflicto armado son desafíos que afectan nuestro territorio”, explica Carrillo.
Aun así, la comunidad mantiene viva la esperanza.
“A pesar de todas estas circunstancias, la comunidad belemita nunca ha perdido su fe.”
Esa esperanza está profundamente arraigada en la historia espiritual del municipio, fundado en 1917 por el fraile capuchino Jacinto María de Quito. Desde entonces, generaciones de misioneros han acompañado a esta comunidad, sembrando una fe que hoy inspira una nueva forma de evangelización.
Del curso a la acción
La idea de convertirse en EcoParroquia nació durante la formación de Animadores Laudato Si’, un programa del Laudato Si’ Movement que ofrece formación personal a católicos de todo el mundo para profundizar en la encíclica Laudato Si’ y discernir cómo poner en práctica la ecología integral en su vida cotidiana y en sus comunidades. Como socio de la Plataforma de Acción Laudato Si’, el movimiento ayuda a inspirar y preparar a personas comprometidas con el cuidado de nuestra casa común.
“Gracias a la formación, pudimos reflexionar sobre la conversión ecológica y reconocer las grandes riquezas ambientales, culturales y de infraestructura que poseemos”, recuerda Carrillo.

La parroquia ya contaba con un elemento clave: un amplio terreno alrededor de la casa cural y un párroco dispuesto a trabajar con sus propias manos.
El padre Ferney Rayo Maceto, hijo de campesinos, había comenzado a organizar el espacio mediante labores de limpieza y siembra. Cuando el equipo le presentó la propuesta, su respuesta fue inmediata.
“Estuvo de acuerdo en apoyar esta magnífica idea.”
Como tantas iniciativas inspiradas por la fe, el proyecto comenzó con la oración.
“Pusimos el proyecto en manos de Dios”, dice Carrillo, citando el Salmo 127: “Si Yahvé no construye la casa, en vano se afanan los albañiles.”
Un huerto construido con las propias manos
Lo que comenzó como una visión hoy es una realidad concreta.
En el terreno de la casa cural, el equipo ha construido cuatro áreas de cultivo de maíz, plantas medicinales, verduras y hortalizas. También han habilitado un área para producir abono orgánico y lixiviados de compost.
“Hasta la fecha y por la gracia de Dios, tenemos cuatro eras cultivadas”, comparte Carrillo.

No hubo grandes presupuestos ni financiamiento externo.
“Los recursos han sido provistos por la Divina Providencia de Dios.”
El trabajo se ha realizado con sencillez y perseverancia.
“Hemos trabajado con mucho amor, con nuestras propias manos.”
Cada planta sembrada es, para ellos, un acto de fe. Cada semilla representa la certeza de que el Evangelio puede encarnarse en la tierra y dar fruto.
Aprender unos de otros
El proceso también ha fortalecido la vida comunitaria.
“Ha sido muy gratificante”, dice Carrillo. “Hemos aprendido de cada uno de nosotros, aportando nuestros conocimientos y experiencias.”
El equipo está conformado por José Aníbal Martínez Rodríguez, aspirante al diaconado permanente; Rafael Calderón Cuenca; y John Elvis Carrillo López, todos comprometidos con la catequesis y la formación teológica.
Carrillo resume la experiencia con las palabras de san Pablo: “Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu.”
Cada miembro aporta algo distinto, pero todos comparten la misma misión: ayudar a la comunidad a redescubrir su responsabilidad como administradora de la creación.
Un aula viva para niños y jóvenes
Uno de los frutos más hermosos del proyecto ha sido la integración del huerto en la catequesis.
Niños y jóvenes que se preparan para la Primera Comunión y la Confirmación participan activamente en el espacio, observando las plantas, reconociendo aromas y sabores, y aprendiendo a valorar la naturaleza.
“Hemos puesto en práctica el Evangelio interactuando con el huerto”, explica Carrillo.
La experiencia también les enseña sobre la alimentación saludable y la seguridad alimentaria.
“Reflexionamos sobre la importancia de una alimentación sana y balanceada a partir de los alimentos de la región.”
Pero la enseñanza va más allá de lo práctico.
“Nos hemos dado cuenta de la importancia de valorar y cuidar el medio ambiente, creando conciencia sobre la importancia de sembrar y cultivar, mientras Dios hace el resto.”
Carrillo reconoce que los frutos no siempre son inmediatos.
“Puede que ahora no veamos los frutos de los catequizandos, pero sabemos que hemos sembrado esa semilla en sus corazones.”
El liderazgo de un pastor que da ejemplo
El padre Ferney ha sido una pieza fundamental en este proceso.
Más que apoyar el proyecto, lo ha encarnado con su propio testimonio.
“Ha ido organizando el lugar con sus propias manos, embelleciendo, plantando y limpiando.”
Sus jardines y el huerto ecológico reflejan una convicción sencilla pero poderosa: el cuidado de la casa común comienza en casa.
“El párroco nos da testimonio de vida”, afirma Carrillo. “Para cuidar el medio ambiente se debe iniciar dentro de la casa.”
Su liderazgo ha inspirado a los grupos apostólicos y a las familias de la parroquia a adoptar prácticas más sostenibles y a ver la ecología como parte integral de la fe.
Evangelizar desde la Amazonía
Para la comunidad de Sagrado Corazón de Jesús, la ecología integral no es una actividad adicional. Es una dimensión concreta de la evangelización.
“Somos los directos responsables de las afectaciones planetarias, pero también los principales actores de cambio y de solución.”
Desde el huerto, la catequesis, las homilías y la vida cotidiana, la parroquia busca anunciar que todo está conectado: la fe, la tierra, la justicia social y el futuro de las nuevas generaciones.
Un sueño para los próximos siete años
La comunidad imagina que, dentro de siete años, su EcoParroquia será un modelo de conversión ecológica para otras parroquias de la región.
“Nuestra EcoParroquia será un modelo para las demás comunidades.”
Su mensaje para otras parroquias es tan sencillo como esperanzador.
“No se deben preocupar por los recursos y la financiación económica, sino tener fe, amor y esperanza.”
Para ellos, lo esencial no es contar con grandes medios, sino con la disposición de comenzar.
“Trabajando con amor, es como se van materializando las metas propuestas.”
En Belén de los Andaquíes, donde la selva amazónica abraza al pueblo y la fe sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana, una comunidad está demostrando que la conversión ecológica puede empezar con algo tan humilde como una semilla.
Y como recuerda Carrillo, citando el Evangelio de san Juan: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos… El que permanece en mí y yo en él dará mucho fruto.”
En esta parroquia del sur de Colombia, ese fruto ya está creciendo.