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Todo empezó con una botella de plástico: cómo el viaje de un surfista llegó hasta el papa León XIV

Posted July 22, 2026

«No tienes por qué resolver todo el problema tú solo. Pero puedes poner en marcha algo a lo que otros quieran sumarse».

Cuando Merijn Tinga completó la última etapa de su expedición en windsurf desde Niza hasta Roma, no buscaba batir otro récord ni completar un reto deportivo. Había ido a transmitir un mensaje.

Su propuesta al papa León XIV era sorprendentemente sencilla: fomentar el uso de sistemas de depósito y devolución, programas que otorgan un valor monetario a las botellas y latas para que se devuelvan en lugar de tirarse a la basura. Ya existen en muchos países y han demostrado ser muy eficaces a la hora de reducir los residuos. Lo que necesitan, en su opinión, es una adopción más amplia y un liderazgo valiente.

Una botella se convirtió en una pregunta

Sin embargo, la historia que finalmente le llevó al Vaticano no comenzó en el Mediterráneo. Comenzó casi una década antes con una sola botella de plástico tirada en una isla remota.

«Durante unas vacaciones en Suecia», recuerda Tinga, «encontré botellas de plástico holandesas e inglesas arrastradas por el mar hasta una remota isla deshabitada. Lo que me llamó la atención fue que todos los países escandinavos ya contaban con sistemas de depósito y devolución y, como resultado, muchas menos botellas acababan convertidas en basura».

Allí, de pie en esa orilla, se dio cuenta de algo que marcaría los siguientes diez años de su vida.

«Teníamos una solución sencilla a nuestro alcance, pero no la estábamos utilizando».

Esa toma de conciencia transformó su relación con el problema. La contaminación por plástico ya no era simplemente una tragedia medioambiental. Se convirtió en una cuestión de responsabilidad y de sistemas. En lugar de preguntarse por qué había tanta basura, empezó a preguntarse por qué no se adoptaban soluciones que habían demostrado su eficacia.

De vuelta en los Países Bajos, lanzó una petición en la que reclamaba un sistema de devolución de depósitos para las botellas de plástico. Para llamar la atención sobre la campaña, construyó una tabla de windsurf con plástico recogido en las playas locales e intentó batir un récord mundial.

De la acción local al cambio nacional

El récord nunca llegó.

La campaña sí.

Más de 60 000 personas firmaron la petición, lo que contribuyó a generar el impulso político que condujo a la introducción del sistema de depósito y devolución de botellas de plástico en los Países Bajos en 2021. Desde entonces, según los informes, las botellas de plástico tiradas han disminuido en torno a un 80 %.

En lugar de considerar esa victoria como el final de la historia, Tinga empezó a preguntarse cómo esa misma idea podría extenderse más allá de su propio país.

«En 2023 hice windsurf desde Oslo hasta el Parlamento del Reino Unido en Westminster, llevando la botella inglesa que había encontrado en Suecia de vuelta a su lugar de origen».

El viaje continuó.

De Londres a París.

De París a Niza.

Por último, de Niza a Roma.

¿Por qué el Vaticano?

Cada expedición transmitía el mismo mensaje simbólico: la contaminación no respeta fronteras, y la responsabilidad tampoco debería hacerlo.

«Mi mensaje y mi objetivo eran decirle a Italia y al Papa León: ya existe una solución probada para proteger nuestra casa común. Los sistemas de devolución de depósitos no son un invento nuevo. Son una idea práctica —incluso anticuada— basada en la responsabilidad. Lo que se necesita es valor y liderazgo para ponerlos en práctica».

Para los lectores que no estén familiarizados con el concepto, el sistema en sí es casi engañosamente sencillo.

«Cuando compras una botella o una lata, pagas una pequeña cantidad adicional», explica. «Cuando devuelves el envase vacío, te devuelven ese dinero. De repente, esa botella ya no es un residuo sin valor: tiene valor».

Ese cambio de perspectiva modifica el comportamiento.

En lugar de acabar en los ríos, las calles o, finalmente, en el océano, las botellas se recogen y se devuelven a un sistema circular en el que pueden reutilizarse o reciclarse. Las comunidades suelen organizar recogidas de botellas para recaudar fondos con fines benéficos, lo que permite que un simple hábito cotidiano se convierta en un acto de solidaridad.

«Es una de esas soluciones poco comunes en las que todos se benefician», afirma Tinga. «Los ciudadanos, las empresas y el medio ambiente».

Para Tinga, llevar este mensaje al Vaticano nunca se trató simplemente de influir en una institución. Cree que la contaminación por plástico es, en última instancia, una cuestión moral.

«Consideré que el Vaticano era un lugar importante para transmitir este mensaje porque la cuestión de la contaminación por plástico no es, en última instancia, solo un reto técnico o político: es una cuestión de responsabilidad, de valores y de nuestra relación con el mundo que nos rodea».

La lectura de Laudato Si’ le ayudó a darse cuenta de que los distintos aspectos de su propia vida habían estado apuntando hacia la misma visión desde el principio.

«Antes de leerla, ya comprendía muchos de sus principios desde diferentes perspectivas», afirma. «Como biólogo, había aprendido que todos los sistemas vivos están interconectados. Como activista contra el plástico, había experimentado las consecuencias de una mentalidad tecnocrática en la que los materiales se tratan como desechables. Y como surfista, siento una profunda conexión con la naturaleza y la sensación de formar parte de algo mucho más grande que nosotros mismos».

«Leer Laudato Si’ unió estas diferentes perspectivas de una manera poderosa e inspiradora».

Esa revelación también moldeó su forma de ver el papel de las comunidades de fe.

«Pueden ayudar a transformar nuestra forma de pensar sobre los residuos: no como algo que simplemente desaparece después de tirarlo, sino como un reflejo de nuestra relación con la creación y nuestra responsabilidad hacia las generaciones futuras».

Su audiencia con el papa León XIV se convirtió en uno de los momentos más memorables de ese viaje.

«Se me concedió una audiencia privada de unos quince minutos», cuenta. «Por supuesto, nunca en mi vida había soñado con que realmente llegaría a conocer a Su Santidad».

«Lo que más me llamó la atención fue el tiempo que se tomó para escuchar de verdad. No fue solo una presentación formal; hubo un intercambio auténtico».

Durante la conversación, el papa León le sorprendió al compartir un recuerdo de su infancia.

«Me respondió contándome cómo, de niño, había recogido botellas para devolverlas y recibir el depósito».

Animado por el intercambio, Tinga propuso instalar una máquina de devolución de envases en la tienda del Vaticano como expresión concreta del cuidado de la creación. El papa León explicó que no supervisaba directamente la tienda, pero dijo que presentaría la idea a los responsables.

«Lo que me impresionó fue el seguimiento inmediato», dice Tinga. «Solo dos días laborables después, recibimos una respuesta del Vaticano invitándonos a debatir la propuesta más a fondo».

Esas conversaciones continúan hoy en día.

La esperanza comienza con pequeños gestos

Sin embargo, lo que le da esperanza va más allá de cualquier propuesta concreta.

«El hecho de que una simple propuesta pueda abrir las puertas al diálogo demuestra el poder de combinar una solución práctica con una visión más amplia de la responsabilidad y el cuidado de la creación».

Señala que las conversaciones han continuado no solo en el Vaticano, sino también en Mónaco y en otros lugares, donde los líderes están explorando cómo las políticas medioambientales prácticas pueden inspirar un cambio más amplio.

Aun así, tras miles de kilómetros, innumerables conversaciones e incluso una reunión con el Santo Padre, Tinga afirma que la mayor lección sigue siendo sorprendentemente sencilla.

«Todo empezó con un gesto cotidiano: recoger una botella de plástico tirada al suelo».

«No tenía un plan completo ni sabía adónde me llevaría».

Su consejo para cualquiera que desee cuidar de nuestra casa común refleja esa misma sencillez.

«No esperes a que tu plan sea perfecto».

«Cuando inicié mi primera campaña contra el plástico, no tenía ni idea de que me llevaría al Parlamento neerlandés, a la Comisión Europea o al Vaticano. Simplemente recogí una botella y empecé a hacer preguntas». A continuación, hace una pausa antes de compartir la reflexión que quizá mejor plasma el espíritu de todo su viaje.

«No tienes que resolver todo el problema tú solo. Pero puedes poner en marcha algo a lo que otros quieran sumarse».